Sunday, September 24, 2017

El Terremoto de México

El terremoto del martes pasado en México. Algo que no quiero volver a vivir.

Regresaba del banco a mi apartamento, dando tiempo para después ir a trabajar. De repente empezó a temblar, levemente. Pasado cinco segundos del temblor empezó a sonar la alerta sísmica. Mi apartamento esta en un 8vo piso viendo hacia la calle y en la esquina hay un alto parlante del sistema de alerta. Cuando empezó a sonar la alarma, entonces me preocupe. Normalmente el patrón ha sido que primero suena la alerta y unos 40 segundos después llega el temblor. En este caso fue lo contrario y la primera señal que este era diferente. Nuestra mascota Maxi ya aprendió y se altera mucho cuando suena la alerta. Yo solo dije para mis adentros “Hijo de puta! Este va a ser fuerte”. Pasado unos treinta segundos la cosa se puso seria. Maxi dejo de ladrar y la verdad aunque hubiera aullado a todo pulmón no lo hubiera oído. El mundo empezó a relinchar. Mi hogar brincaba para arriba, para los lados, de costado, violentamente. Un librero cayo y la planta que estaba encima voló, cruzo media sala y cayo perfectamente sobre la mesa del comedor. Mi única decisión consiente fue apuntalarme en el marco de la puerta de mi habitación. No había tiempo para bajar 8 pisos por las escaleras con un edificio corcoveando. Apreté los dientes y pensé una vez mas. “Espero que este edificio aguante.” En mi mente pensé como sobreviviría si este lugar se desplomaba. “Triángulos de vida”. Pura paja. En este edificio de casi 20 pisos no hay triangulo que aguante.

Cuando amaino el edificio seguía meciéndose. Haciendo un sonido como el de una hamaca sobre un marco de madera o una mecedora vieja. Gracias a Dios aguantó. Me recupere emocionalmente y vi el desastre en que quedo el apartamento. Todo volado pero nada quebrado. La vajilla desarreglada. Condimentos por toda la cocina. La salsa de soya baja en sodio regada en el piso pero el vinagre balsámico en el piso pero intacto. Libros, libreros, ropa plantas, desperdigadas por todo el lugar.

Recogí mi mochila de fotos y la mochila de emergencia que habíamos preparado unos días antes. Y después caigo. Donde esta el perro? Donde esta Maxi? Lo llamo y no responde. Lo busco y no lo veo. Ya van 3 minutos después del terremoto y no lo encuentro. Me percato de una montaña de libros y dos libreros tirados. Me da un escalofrió y me tiro al piso a quitar los libros esperando encontrar a Maxi aplastado debajo del peso de los libros. Muevo unos cuantos, volteo la cabeza a un costado y me sorprendo al verlo. Esta debajo de una silla. Sentado con sus patitas al frente, su mirada perdida, callado y temblando de pavor. Lo llamo y no me responde. Lo tengo que mover con una mano para que se de cuenta que lo estoy llamando. Ahora si, es el momento de salir corriendo. Le pongo su collar y una cuerda y salimos lo mas rápido posible. Pero al caminar a la escalera oigo a alguien sollozando. La Sra. de la limpieza de un apartamento vecino esta llorando. Voy donde ella y la veo sobándose la cabeza y llorando. Le pregunto si esta bien. Ella solo dice que le cayo una botella de bebida en la cabeza y que se rompió en el suelo. De pronto dice que va a limpiar la botella de vino rota y que se va a poner orden en el apartamento. Le digo no. Que agarre las llaves y que me siga abajo. Dicho eso me doy media vuelta y bajo por las escaleras. No me doy cuenta si ella me sigue o no. Solo que Maxi esta tan entumecido por el miedo que le es difícil bajar por las escaleras y casi lo tengo que arrastrar.


Maxi y yo caminando sobre avenida Juarez despuesito del terremoto. (foto cortesía de Diana Ulloa)


Bajo los ocho pisos y salgo a la calle. La calle esta llena de personas. Residentes del condominio, clientes de otros negocios, dueños, empleados, otros vecinos, en fin un mar de gente. Todos estamos estupefactos. Unos lloran, otros hablan. Todos están con su teléfono celular a la mano tratando de comunicarse o encontrar información sobre el terremoto que acabanos de jinetear. Maxi me jala a la primera planta que ve y empieza a mear. Y después empieza a ladrar a las otras mascotas que también han bajado con sus dueños. Pasado 8 minutos la gente de seguridad nos pide que nos movamos de la acera a la calle. Puede que caigan mas restos del edificio. Miro hacia arriba y veo que el edificio de enfrente esta muy dañado. Sus paredes están agrietadas y desmoronándose pero sigue en pie. Después nos dicen que se detecta olor a gas. Y nos piden que nos movamos al parque Alameda, que queda a la vuelta de la esquina. Ese es el lugar designado por nuestra familia como punto de encuentro para cualquier emergencia. O sea un terremoto. En el parque me encuentro con mi amiga Diana. Después de conversar y de que Maxi la saludo ella se da cuenta que salió sin sus cámaras al ver las mías. Se regresa a su apartamento y recojer su mochila de foto.

Seguimos al parque. Ahora si hay un mar de gente. Miles y miles de personas. Todos hablando, llorando, fumando, caminando, mascotas, sentados en las bancas, en la acera, todo esta atiborrado de gente, Todos con su celular en mano.

A los diez minutos después del terremoto empiezo a llamar a la familia. Lo único que logre sacar minutos antes fue un mensaje en Facebook. “Clase se terremoto”. Eso fue todo. Ahora logre enviar un mensaje en Watsap para que todas mis mujeres se reporten. Después de unos 20 minutos se reporto Sandy. Poco después Hannah. Ximena no había manera de llamarla o hablar con ella. Pensé que ella estando al otro lado de la ciudad y que las comunicaciones estarían saturadas, pues tardaría en comunicarse.

Diana y yo hablamos un rato y me ayudo con Maxi. Después ella tomo fotos y yo me quede tratando de organizarme. Me llamo mi prima Eliza Sofía muy preocupada pero le dije que todo estaba bien. Nosotros no habíamos sufrido nada mas que un susto.

Estando en el parque las autoridades movieron a la gente de la calle y de la acera de enfrente hacia el parque. Decían que había fugas de gas. Una señora le dijo a un señor chino que fumaba de manera nerviosa que apagara su cigarrillo. “Apáguelo que hay fuga de gas”. Yo en realidad no olí nada en ese momento. Pero en fin mejor prevenir.

Pasados 45 minutos de esperar en el parque nos dieron el permiso de regresar al edificio. Entre por la puerta en la otra calle y en los pasillos vi las paredes descascaradas de cemento y pintura. Acompañe a Diana a su elevador mientras veíamos los daños. Regrese a mi apartamento. Pensé en llevarme a Maxi a la oficina pero no seria posible. Mande un mensaje en Watsap y les dije a mis mujeres que Maxi se quedaba en el apartamento y que lo sacaran cuando llegaran. Que yo tenia que ir a trabajar.
Saque mi bicicleta del parqueo subterráneo y me enrumbe para la oficina en Reforma. Frente al Ángel. En el camino vi daños a los edificios principales de la ciudad. En su mayoría eran vidrios rotos y una que otra mampostería caída. Me maraville que los rascacielos acabados de construir estaban intactos. Todavía no sabia el horror que había ocurrido en los otros barrios de la ciudad y en los pueblos cercanos. Avenida Reforma estaba abarrotada de gente. Eran miles mas de los que había visto en mi vecindario. Al cruzar Insurgentes entonces si percibí el fuerte olor a gas. De allí en adelante toda la avenida olía a gas. Sonaban sirenas, corrían ambulancias, carros de bomberos, policía y helicópteros. Y todo el mundo caminaba a casa.

Llegue a la oficina y tal como lo pensé era un caos. Todos corrían, gritaban, daban ordenes. Era caos pero alguien ponía orden al caos. Al entrar por la puerta Marc Stevenson, el redactor en jefe de la oficina de México salto sobre mi y me pidió las llaves de la bicicleta. Se las di. Llegue a mi puesto de trabajo y Anita, Leslie, y yo pasamos los siguientes 3 días trabajando turnos de mas de 13 horas.

Allí nos dimos cuenta de las tragedias que habían ocurrido por toda la ciudad. Donde perdimos a conocidos y amigos perdieron todo.

De todo esto aprendí estas cosas.

1 La Ciudad de México esta bien preparado para atender un terremoto. Su gente salto a la obra de ayudar y rescatar de manera inmediata. El gobierno hizo bien su papel, todo funciono casi como tenia que funcionar. Pero fue la gente que dio el ejemplo. Todos fueron solidarios. El gobierno solo viene después.

2 Si la alerta sísmica suena después de que empieza a temblar, agarrate y encomiéndate.

3 Watsap es la aplicación imprescindible para este tipo de desastre.

4 Ten tu bolso de emergencia siempre listo y a la mano.

5 No dejes tu celular.

6 Busca siempre un edificio bien construido donde vivir. Una de las razones por la cual escogí el edificio donde vivo es por que es nuevo y se ve extremadamente solido. Y es antisísmico con sistema amortiguamiento.

7 Hay que tener suerte.





Thursday, September 07, 2017

Rafa habla de Aida


Sunday, November 08, 2015

Adios a Rafa

Despues de su gran ceremonia el dia de su funeral y despues en la iglesia de Bavaria, al fin enterramos la cenizas de Rafa al lado de Pipo.  Solo fuimos nosotros y unos pocos. Llevamos su urna, se preparo el espacio al lado de Pipo y listo.  Despues de tanto durante los ultimos dias, fue un momento callado y personal. Cada quien con su dolor. Le dijimos adios. De alli nos comimos un raspado en la entrada de los jardindes de paz y despues unas cervezas en el nispero. Tal como a ella le hubiera gustado. Murio Rafa, se acabo una era, somos huerfanos, nos tenemos a nosotros. No hay nada mas que decir.

  






























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Thursday, August 13, 2015

Doña Rafa sintiendose debil.

Doña Rafa sintiendose debiel, en Clinica El Prado, en Santa Marta, Colombia, 20 de Julio de 2015. Foto/Tomas Stargardter


Monday, December 15, 2014

En la cicla regresando a la casa.


Tuesday, December 02, 2014

En Bici al trabajo.

Tuesday, March 25, 2014

Growing up Wild

When I was a kid, first of all I was terrible at school. But we lived in the banana fields of Central America. Surrounded by pristine rainforest. My only friend and peer, my neighbor Guillermo Montes de Oca, was from our early age a wild man. He was happiest when we found snakes. He would lasso them and pick them up. We handled them like born again snake charmers and eventually let them loose once we got bored of them. These where not your run of the mill garden snakes. We lived in the tropics and the reptiles where very poisonous. FerDelances, Corals, vipers and even boas. But for us it was just another day in our back yard. His father also a wild man had alligators in his back yard and we loved nothing more than to go see them after school.

Once Guillermo left with his family, I would walk almost every Friday afternoon to visit my other friends that would drive all the way from across the border in Panama to their farm in Costa Rica. I would take off from my house, not telling anybody. Walk all the way to the closest town, Villa Neily, get on the Panamerican highway, cross the Corredores river bridge and eventually make to the Price's farm, where Andy, Dicky, Rex, the towering Mr. Price and their mom (one of my many adoptive banana moms) Doña Tilcia would just welcome me in. We would ride horses, hunt with bb and pellet guns, build dams in the creek, climb the hills, catch fireflies, fish for crawfish, all without adult supervision. All we had to do was to be home for dinner, and we would, usually covered in mud or soaking wet.

Later as I got a little older me and my new neighbors the Cano brothers and Max Vargas would take off every afternoon during weekdays and all day during weekends, we would take off to the Corredores river and the lagoons created in the ballast pits. We would hunt, fish and just have fun. Once I managed to shoot poor Max in the knee with my pellet gun when I tripped and fell over on one of our hunting expeditions. But the code was so strong amongst us that he just chewed me out and since all he got was a nasty welt on his knee we continued and nothing else came from it.

We would chop down balsa trees with our machetes and make rafts to fish in the lagoons. Once during some floods we even picked up the body of a dead pig and brought it home as a prize. It was the only time my mother actually intervened and made us get rid of the carcass. Some time later when the lagoons dried up we where able to catch hundreds of fish with our bare hands as they lay trapped in the shallow water. It was a glorious day.

When we visited the town on Coto 47 on the weekends, even though it was a little more civilized we still managed to find our thrills. We crossed the canals balancing on the pipes that criss crossed them. We ran all over the place as our parents danced the night away at the club. We fired fire crackers at the dancing elders and even managed to launch some stink bombs in the dance hall when I was older.

At Mt. Adams School, I was a terrible student but we always managed to enjoy the place. We would swing from a rope tied to the top branches of a Mango tree on the school grounds. I still remember the adrenaline rush I felt when I finally managed the courage to swing from it.

The actual school swings had metal chains and wooden seats, and I would swing so hard that I thought I was going to be able to loop it around. I never did. But it was a rush. We would go into the creeks to catch crawfish, and run into the drainage pipe that ran under the bridge close to the school. Screaming and yelling like savages just for the pleasure of hearing our voices echoing inside the drainage pipe's walls.

I have to admit that I was not the most adventurous of the lot, but I did ride in the back of my dad's pickup truck, jumped from trees, built forts, rode on giant tractors at the Zamora rice farms, got drenched in rainstorms, got covered in mud, climbed tall trees, brought down wasp nests, trekked alone in the tropical jungle and did many other things as a child growing up that now as a grown man I am the better for it.